La ansiedad devoró al OCB

La ansiedad del Liberbank Oviedo

La ansiedad devoró al OCB

Podríamos dar muchas explicaciones y análisis de lo ocurrido en los dos primeros partidos del playoff de la LEB Oro en Pumarín, pero todas ellas nos llevarían a la misma conclusión: el Liberbank Oviedo Baloncesto fue un equipo devorado por la ansiedad. El primer día, por la presión de abrir un playoff en casa, la responsabilidad de no fallar, de borrar lo ocurrido los últimos años. El segundo, por el peso de la derrota del primer día, el miedo al 0-2, a verse prácticamente eliminados después de una temporada sobresaliente. Los malditos playoff…

Sonreía y asentía Gonzalo García de Vitoria (gran triunfador en estos dos primeros partidos) cuando en rueda de prensa le preguntábamos si, tal y como nos había parecido, sentían que durante 72 minutos de los 80 jugados, se había jugado a lo que Río Ourense Termal. No echaron de menos a un hiperactivo en la banda Pepo Vidal: planteamientos perfectos, lectura de partido y acierto en los momentos importantes, castigando una y otra vez aquellas debilidades que mostraban los locales: el rebote, la poca fluidez ofensiva, el mal aprovechamiento de los espacios y, sobre todo, la ansiedad. Cada canasta en final de posesión, cada rebote ofensivo que obligaba a otros 20 segundos de defesa, era un aguijonazo para los locales, era meter más presión en una caldera que ya estaba rozando el límite.

Sergio Rodriguez, la diferencia al 3

No cambió prácticamente nada el panorama en el 2º partido: volvió Ourense a generar ventajes continuamente con Sergio Rodríguez en el 3, un quebradero de cabeza durante toda la serie para Javi Rodríguez; si colocaba a Douvier para igualar la altura, el equipo colapsaba en ataque; si optaba por un equipo pequeño, Ourense buscaba a Rodríguez en el poste, my superior a los Geks, Spieth (admirable su comportamiento en estos dos partidos, echándose el equipo a las espaldas en algunos momentos) o Víctor Pérez de turno. En defensa, no lanzaba esta vez Gonzalo a los suyos a las ayudas sobre Arteaga, permitiendo anotar a éste con más fluidez que el primer día, pero manteniendo a raya a los tiradores del OCB, factor clave en el juego ofensivo de los locales. Una decisión que se tornó de lo más acertada: bajos porcentajes y jugadores como Geks (esperaremos al final de la serie para analizar sus playoff) totalmente fuera de foco. Esta desesperación por no encontrar ritmo y fluidez llevó a los locales a un juego embarullado, donde cada jugador buscaba la guerra por su cuenta, especialmente un desafortunadísimo Bryce Douvier, y no por su bajo porcentaje en el tiro, algo que puede pasar, sino por su pésima lectura del juego: tiros sin rebote, botando a media pista, incapaz de doblar un balón, etc. Cada tiro del austriaco era una victoria para los visitantes, que sonreían al ver cómo se mantenía en pista pese a sus malas decisiones, en parte por la enésima “cruzada de cables” de Jakstas.

Las malas decisiones de Douvier

Fotos: Tania Fernández/OCB

Enfrente, Ourense jugaba a lo suyo, con apariciones esporádicas de jugadores como Jhornan Zamora (siempre digo que es mucho peor jugador de lo que se cree, pero con el don de anotar siempre alguno de los tiros decisivos), Watson en segundos esfuerzos o el ya mencionado Sergio Rodríguez. Pocas cosas pero bien hechas que les permite poner el 0-2 y soñar con un fin de semana en Bilbao. Casi nada.

Por cierto, que no se nos olvide… ¡CORPORACIÓN, QUEREMOS PABELLÓN!

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