Cuando todo sale mal: Liberbank Oviedo 65 – ICG Lleida 72

Cuando todo sale mal: Liberbank Oviedo 65 – ICG Lleida 72

Fotos: Tania Fernández / OCB

“Cuando todo, parece que marche mal ten en cuenta,

que puede ser que solo lo parezca….”

Así cantaban hace eones de años Jota y los suyos en “Mi hermana pequeña”, y esa canción me viene a la mente cuando me pongo a escribir sobre el pasado Liberbank Oviedo Baloncesto – ICG Lleida. Solo que al final, no solo lo pareció, sino que todo acabó saliendo mal,

Tiene identficado Javi Rodríguez y, creo, todo el mundo, el mayor problema al que se enfrenta ahora mismo el OCB, metido en una situación que nadie esperaba: la ansiedad. Solo así se explica el buen rendimiento en partidos en los que la derrota era una posibilidad (Breogán, Ourense fuera) o en momentos como el vivido en Pumarín: iniciar un cuarto 21 puntos abajo y llegar a empatar el partido. El problema es que esa ansiedad se manifiesta más que nunca en los partidos que el equipo debería sacar adelante sí o sí, sobre todo en Pumarín: las derrotas ante Almansa, Canoe o Lleida son de las que penalizan, y mucho, a final de temporada. Y si encima unes la pérdida del basketaverage, la situación se pone muy muy fea.

Y empezó el partido con buena dinámica para los locales: concentrados y jugando muy buenos sistemas en ataque, consiguiendo canastas fáciles para ponerse en un santiamén 14-7, con la pareja Jakstas-Nuutinen nuevamente de salida. Ahí empezó a aparecer un enorme Miguel Feliu, martillo pilón durante todo el partido y poniendo la calma en los suyos durante todo el partido. Un parcial de 0-15 metió en problemas a los locales. La ansiedad del equipo se mostraba en simples gestos, como que Arteaga se volviese para espolear a la grada cuando apenas se estaba jugando el 1er cuarto. Un exceso.

Se mantenía la igualdad, pese a que los gestos locales eran siempre negativos: desesperación, miradas al cielo antes los fallos, tiros fáciles que se fallaban…y no se jugaba mal, moviendo el balón hasta encontrar la ventaja, pero luego los tiros no entraban. Fueron varias las jugadas bien ejecutadas, encontrando la ventaja en la esquina…y la esquina ocupada por Jorge Sanz, cuyo tiro no es precisamente lo que se dice fiable.

Con Arteaga como única baza ofensiva ante el encogimiento de brazos, aprovechó Lleida para asestar un golpe definitivo, o eso creíamos al partido. Con Feliu anotando desde todas las partes, un 31-52 parecía dejar todo finiquitado.

Con el partido prácticamente tirado a la basura, desapareció la tensión. El equipo empezó a jugar rápido, sin miedo, apretando en defensa. Varias acciones positivas pusieron el 44-57 y 8:40 por jugar. Poco más necesita Pumarín para creer. Con Llorente, liberado mentalmente, empezando a anotar y Lleida viendo cómo se le iba en unos minutos todo el trabajo hecho, el partido, increíblemente, se iba al 63-63 a 1:37 por jugar. Pero cuando las cosas pueden salir mal…salen peor.

Lleida bajó pulsaciones al partido mientras que el OCB perdía a Arteaga. Con gestos claros de dolor, pedía a Javi Rodríguez que no le cambiase y, tras un intercambio de síes y noes, tuvo que sentarse con claros signos de problemas musculares en el gemelo. Un triple que no entra, un tiro libre que se escapa. Con cuatro puntos abajo, la derrota ya era un hecho cuaando Alex Reyes estaba en la línea de tiros libres. Con Pumarín en silencio, mascullando la derrota, llegó el truco final. No todo había ido mal: el OCB lograba salvar el basketaverage. O eso se pensaba hasta que Feliu, quien sino, lanzaba una “bomba” desde medio campo. El balón entraba y ponía el 7 arriba para los visitantes. Adiós al basket average, por si el golpe por la derrota no era suficientemente duro. Y es que cuando todo puede salir mal, suele salir mal.

 

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